Tenía ganas de volver a Papúa Colón porque la última vez que fui a comer salí con sentimientos encontrados, ya lo expliqué. Comimos bien, pero el servicio no nos gustó. Hace unos día volví a ir a almorzar y comimos muy bien. Así es Papúa Colón, el trópico en Madrid.
Decoración
Inaugurado en 2020, fue uno de los primeros restaurantes en crear un espacio que te transporta a otros mundos, porque cuando bajas las escaleras de Papúa Colón es como si entrarás en una selva tropical. Creo que también ayuda su ubicación, debajo de la plaza de Colón porque el contraste al entrar es aún mayor.
En la decoración, basada en materiales naturales, se ha utilizado vegetación exuberante y referencias animales. A mi, la jirafa de la entrada me hace mucha gracia. Lo que más llama la atención es una gran bóveda acristalada y la barra redonda, que siempre me recuerda a un globo aerostático. El espacio está dividido en diferentes salas y muchos mini reservados, que me gustan mucho porque estas viendo todo el restaurante, pero te dan sensación de privacidad.

Cocina
La cocina, firmada por el chef Wilmar Soto, fusiona platos españoles con tropicales. En mi visita hace unos meses probamos el menú del día, que podéis ver pinchando aquí. En esta ocasión queríamos conocer más la cocina y nos dejamos asesorar. Nos pusieron como aperitivo crema de calabacín y espinacas al curri japonés, decorado con boniato y zanahoria.

Como entrantes nos hicieron una selección de sus tres platos estrella: croquetas de queso y cecina de león con papada de cerdo ibérico, muy cremosas, de las mejores que he probado recientemente. Buñuelos de queso Idiazabal con mermelada de guayaba y queso parmesano rayado por encima, y dos rolls de ensalada césar con pollo asado envueltos en saquitos de arroz, a los que también se les raya parmesano, una vez puestos en la mesa, y los acompañan con un trocito de limón. Ricos y originales.



Como platos principales tomamos lubina al carbón con cama de batata, y vacío de ternera con cebolla confitada, acompañada de puerro a baja temperatura y recubierto de una especie de sal del mismo puerro.

De postre, minicake invertida de chocolate, que me pareció muy original, pero de mini no tiene nada. Os lo aviso porque merece la pena probarla, pero es grande y llena.
También ofrecen una coctelería innovadora de Daniel Regajo con experiencia en barras internacionales como StreetXO Londres o The Gibson.
- Cierra domingo y lunes. El horario es martes y miércoles hasta las 24:00, jueves y viernes hasta las 2:30 y sábados hasta las 24h
- El servicio es amable
- Precio medio 70-75€
C/ Plaza de Colón, 4 Centro Cultural de la Villa Fernán Gómez. Mapa de situación Teléfono 91 576 68 97.

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